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«Te necesitamos en la antología, el amor lo hace. Así acababa el email, el primero, que he mandado a cada autor. En esta sentencia creo fielmente. El amor nos necesita/lo necesitamos: es la respuesta, incluso para quien duda si existe, para el cambio: el amor es motor, es pálpito, es la enajenación necesaria más pura, más dulce, más, también, erosionante: del amor no podemos salir indemnes, como no podemos hacerlo del sonido, de la palabra, de la vida. Contaba, cuento, cómo esta idea de antología (que tanto ha ido cambiando y transmutando, porque el amor también es metamorfosis) surgió de hablar con Berta sobre qué cansados estábamos todos, tanto, que querernos querer parecía imposible, cómo de repente todas las conversaciones derivaban en ese cansancio puro, de un peso de titanes, casi sin anécdotas, sin brindis: estoy cansada y ya solo me recojo de forma útil, quiero de forma útil, me comunico de forma útil: pavor, yuyu, susto. Hay que hacer algo, hay que hacer: acción. Surge pues esta idea como un deseo de salvar el espacio para el amor, el amor con todo, el amor de piel, el amor del solitario, el amor de nuestro perro, del gato, el amor con órganos, el intelectual, el breve, el serio, el amor urgente, el dulce, el íntimo, el tribal, el amor distancia. El amor deseo.»En este fragmento del prólogo, Andrea López Montero recoge la historia, esencia y deseo de este Herbario de amores dulces. Treinta y seis poetas se han sumado a esta llamada en la que nos iba el amor. Cada uno de ellos ha sido nombrado, al modo de hierba, por Andrea, como taxónoma de bellezas, y amor.«Etimológicamente la palabra antología viene de escoger flores. De alguna forma este ha sido el deseo, es imposible convocar a todos los jardines, pero hay una pequeña selección aquí de voces vivas.»Este volumen no se reduce a la palabra y la sintaxis. Tres ilustradoras han dado su particular interpretación de algunos de los poemas que forman parte de esta obra: Mar Lozano Reinoso, Elisabeth Karin y Raquel Bullón.
Agotado







